Un equipo internacional de astrónomos ha descubierto un planeta templado del tamaño de la Tierra a una distancia de 11 años luz de nuestro sistema solar. El planeta, denominado Ross 128 b, es el segundo más cercano de los descubiertos hasta la fecha que órbita una estrella enana roja inactiva, condición que aumenta la probabilidad de que el planeta pueda albergar vida, según informó este miércoles el Observatorio Europeo Austral (ESO).
El planeta fue detectado con el cazador de planetas HARPS (siglas de High Accuracy Radial velocity Planet Searcher) un buscador de alta precisión por velocidad radial del ESO instalado en el Observatorio La Silla de Chile.
«Este descubrimiento está basado en más de una década de monitoreo intensivo de HARPS junto con técnicas de reducción de datos y de análisis de última generación», subraya Nicola Astudillo-Defru, uno de los coautores de la publicación que describe los resultados del trabajo de los astrónomos.
La Raza humana mirando a las estrellas

Después de 46 años sin que ningún ser humano haya viajado más allá de la órbita terrestre, hoy los viajes espaciales aún nos parecen tan lejanos en el futuro como van distanciándose en el pasado. Pero voces como la del físico Stephen Hawking nos advierten de que este planeta se nos agota, y que el único porvenir de la humanidad está «mirando hacia las estrellas».
«No creo que sobrevivamos durante otros mil años sin escapar más allá de nuestro frágil planeta», decía Hawking durante una conferencia en Oxford el pasado noviembre. Y aunque un milenio nos parezca hoy una cómoda fecha de caducidad, si el científico estuviera en lo cierto, sería irresponsable no asegurar la supervivencia a nuestros descendientes. El descubrimiento de siete planetas templados en la estrella TRAPPIST-1 ha vuelto a espolear el interés por la búsqueda de nuestro futuro en el espacio. Estas son algunas posibilidades, hoy remotas; mañana, quién sabe.
Venus
Por supuesto, el primer destino en la lista debe estar en nuestro vecindario más próximo. Lo habitual es que todos los ojos se vuelvan hacia Marte. Pues bien, ahora gírense 180 grados y miren en dirección contraria: Venus. No sólo es realmente nuestro vecino más cercano, sino que a menudo se le conoce como el gemelo de la Tierra. Los dos planetas son muy similares en masa y tamaño, y por tanto la gravedad es casi idéntica en ambos.
Pero Venus es el gemelo descarriado. Su atmósfera de CO2, con nubes de ácido sulfúrico, es 90 veces más densa que la terrestre. El efecto invernadero calienta su superficie a una temperatura que fundiría el plomo. Y sin embargo, la ciencia y la ficción han especulado con la posibilidad de colonizar Venus; pero no en su superficie infernal, sino arriba, en las nubes.
Un globo lleno de nuestro aire, más ligero que la atmósfera de Venus, flotaría a decenas de kilómetros sobre la superficie, donde la temperatura es tolerable; sería como colocar un bloque de madera sobre el agua. Los colonos en estas ciudades flotantes estarían protegidos de la radiación nociva del Sol por la capa atmosférica superior.
Y lo mejor de todo: dado que un globo asciende hasta que las presiones interior y exterior se equilibran, en caso de pinchazo no habría descompresión; para repararlo, los técnicos no necesitarían trajes presurizados, sino sólo aire para respirar y, eso sí, protección contra las nubes de ácido corrosivo. La NASA ha explorado esta posibilidad en su Concepto Operativo a Gran Altura en Venus(HAVOC), de momento sólo fantasía. Claro que también impondría la necesidad de hacer ingeniería química avanzada a gran escala para obtener allí todo lo imprescindible: por no haber, en Venus no hay casi ni agua.
Proxima Centauri b
En agosto de 2016, un equipo internacional de astrofísicos dirigido por el español Guillem Anglada Escudé, de la Universidad Queen Mary de Londres, publicó el descubrimiento del exoplaneta más cercano a nosotros de entre los más de 3.500 conocidos hasta hoy. El hallazgo de Proxima b fue acogido con el entusiasmo que merece un planeta a sólo 4,2 años luz de distancia (los nuevos planetas de TRAPPIST-1 están a 39 años luz), con 1,3 veces la masa de la Tierra y que orbita en la zona habitable de su estrella. Todo ello le valió a Anglada Escudé un puesto entre los diez científicos más importantes de 2016 según la revista Nature.
La enana roja Proxima Centauri es la menor de las tres estrellas de Alfa Centauri, el sistema estelar más cercano al Sol. La revelación de que alberga un mundo posiblemente rocoso y cuya «temperatura de equilibrio está dentro del rango que permitiría el agua líquida en su superficie», según escribían los investigadores, disparó las reacciones: hay quienes pretenden enviar un mensaje, mientras que otros prefieren escuchar por si hay alguien allí. Proxima b se convirtió también en el objetivo deseado por la iniciativa Breakthrough Starshot, que planea enviar pequeñas sondas robóticas a Alfa Centauri.
Pero no tan deprisa, dicen los científicos. Hay letra pequeña: Proxima es una estrella muy temperamental (o técnicamente, fulgurante), y sus repentinos subidones de actividad podrían haber arrasado cualquier amago de vida, a no ser que cuente con una atmósfera gruesa y un potente campo magnético. Claro que, haya vida nativa o no, esto no impide que podamos soñar con Proxima b como la primera estación del ser humano en su expansión interestelar; al fin y al cabo, si un día encontramos la manera de llegar hasta allí, el de las fulguraciones solares debería ser un problema técnicamente resuelto.


