Aztecas

En 1949 el arqueólogo Alberto Ruz de Lhuillier descubre en el Templo de las Inscripciones de Palenque, bajo una escalera de cuarenta y cinco escalones, la tumba de Pacal el Grande (K’inich Janaab Pakal).
En la parte inferior observó una zona rellena de piedras y cal, al limpiar el lugar encontró la espectacular cripta que contenía una gigantesca lápida tapando el sarcófago donde yacían los restos de Pacal.
En el relieve de la tapa labrada, se reproduce la figura de un hombre con atuendo maya.
El científico y novelista ruso Alexander Kazantev, asegura que se trata de una nave espacial, el hombre en posición reclinada, estaría sobre un asiento, con cinturón de seguridad y los pies apoyados en unos pedales, con controles al frente y una gran cantidad de tornillos, resortes, caños, tableros y palancas de mando; dibujó un cohete para mostrar las similitudes.
Los restos de Pacal diferirían de las características físicas del pueblo Maya. Los antiguos Mayas eran personas que medían alrededor de 1,50 metros, el misterio se incrementa al carecer de piedras preciosas incrustadas en los dientes, y su cráneo no estaba deformado; como era el protocolo del momento para semejante personaje.
La cantidad y calidad de las joyas encontradas daban una idea de la elevada alcurnia de quien allí yacía, manos delgadas, dedos alargados cubiertos de anillos. Los análisis realizados con carbono 14 sobre los restos óseos lo datan con una antigüedad de 2.000 años.
Sumerios y Acadios

Según la mitología mesopotámica, los Anunna eran, inicialmente, los dioses más poderosos y vivían con Anu en el cielo. Posteriormente, sin que se haya establecido un motivo claro de este cambio, fueron los Igigi los considerados como dioses celestes mientras el término Anunna se empleaba para designar a los dioses del Inframundo, especialmente a siete dioses que hacían la función de jueces en el Inframundo.
Presencia en los diferentes mitos
En el mito de Atrahasis se afirma que, antes de la creación del hombre, los dioses tenían que trabajar para vivir. Entonces, los Anunna lograron que una categoría de dioses inferiores, los Igigi, trabajaran para ellos, hasta que se rebelaron y rehusaron continuar trabajando. Entonces Enki creó a la humanidad para que esta asumiera la responsabilidad de realizar las tareas que los dioses menores habían abandonado y a través del culto suministrarían el alimento a los dioses.
En el poema Enûma Elish, fue Marduk quien creó la humanidad y después dividió a los Anunna entre el cielo y la tierra y les asignó tareas. A continuación, los Anunna, agradecidos a Marduk, fundaron Babilonia y edificaron un templo en su honor, llamado Esagila.
En el Poema de Gilgamesh, la morada secreta de los Anunna estaba en el Bosque de los Cedros.
En la versión sumeria del Viaje de Inanna a los Infiernos, los Anunna ejercen una labor de jueces del Inframundo y condenan a muerte a la diosa Inanna en su enfrentamiento contra su hermana Ereshkigal.
Japón

Amateratsu
Amaterasu Ō-Mikami o Amaterasu Okami (天照) es la diosa del Sol en el sintoísmo y antepasada de la Familia Imperial de Japón según los preceptos de dicha religión. También conocida como Ōhiru-menomuchi-no-kami (大日孁貴神), su nombre significa diosa gloriosa que brilla en el cielo.
En Japón, la diosa Amaterasu es adorada como la deidad madre de la Casa Imperial y como la deidad suprema de la nación japonesa. El Gran Santuario de Ise se ha creado para Amaterasu. Si nos fijamos en el interior del gran santuario de Ise, cerca de la entrada se encuentran los caballos dedicado a la diosa Amaterasu. Estos caballos no son ordinarios, sino que son los caballos que la Casa Imperial japonesa dedicó a la diosa del sol. Los caballos son vestidos y llevados a un lugar santo del santuario de tres veces al mes e inclinan la cabeza hacia Amaterasu.






