
Un poco sobre el…
Nació el 20 de agosto de 1890 en Providence (Rhode Island).
Hijo único de Winfield Scott Lovecraft representante de ventas y de Sarah Susan Phillips Lovecraf.
Cuando tenía tres años, su padre sufrió una crisis nerviosa en la habitación de un hotel de Chicago y fue ingresado en un centro psiquiátrico de Providence siendo incapacitado legalmente.
Lovecraft recitaba poesía a los dos años, leía a los tres y empezó a escribir a los seis años de edad. Debido a su mala salud, no asistió al colegio hasta los ocho años y lo abandonó después de un año.
Fue una persona solitaria que dedicaba su tiempo a la lectura, la astronomía y a cartearse con otros aficionados a la literatura macabra.
Su prosa está influenciada por Lord Dunsany, William H. Hodgson, Arthur Machen yEdgar Allan Poe. Fue un gran innovador del cuento de terror gracias a su singular tratamiento de la narrativa y la atmósfera de sus historias, que acercó el genero a la ciencia-ficción. Con 16 años escribía una columna de astronomía para el Providence Tribune. De 1908 a 1923 ganaba algo de dinero escribiendo ocasionalmente relatos para revistas de poca tirada, como Weird Tales. Diez años más adelante, su obra empezó a interesar a mucha gente.
Sus relatos tratan sobre espíritus malignos, posesiones psíquicas y mundos oníricos donde el tiempo y el espacio se alteran irremediablemente, como en sus Mitos de Cthulhu, un trabajo colectivo que fue creciendo con las aportaciones del llamado Círculo de Lovecraft, un grupo de escritores formado por el propio Lovecraft, Clark Ashton Smith, Robert E. Howard, Robert Bloch, August Derleth, Frank Belknap, Long Henry Kuttner, E. Hoffman Price y otros. También fueron incluidas aportaciones provenientes de escritores anteriores como Ambrose Bierce, Algernon Blackwood, o Robert W. Chambers y de algunas mitologías como la árabe, la polinesia o la sumeria.Sus relatos se recopilaron en varios volúmenes póstumos, entre los que figuran El extraño y otros cuentos (1939) y El cazador en la oscuridad y otros cuentos (1951). Sus mejores novelas cortas son El caso de Charles Dexter Ward (1928), En las montañas de la locura(1931) y La sombra sobre Insmouth (1936).
Se casó con Sonia Greene en 1924, y se mudó a Brooklyn, en la ciudad de Nueva York. En 1926, se divorciaron. Lovecraft alegó «las grandes divergencias entre ambos y los problemas económicos».
Howard Lovecraft murió de cáncer intestinal en el hospital Jane Brown Memorial, deProvidence el 15 de marzo de 1937 en la pobreza y el anonimato. Fue enterrado tres días después en el panteón de su abuelo Phillips en el cementerio de Swan Point.
El Horror Cosmico
Lo curioso del horror cósmico es que, aunque hay unos indiscutibles tropos argumentales que se van repitiendo en las historias que forman parte del género, lo que une a todas ellas (porque las hay con ambientación de época, modernas, de ciencia-ficción, más orientadas al terror puro y visceral, más abstractas, más atmosféricas) es un mensaje general de desolación, ehm, cósmica.
Los humanos nos damos demasiados humos, somos una insignificancia comparados con la inmensidad del universo y lo arbitraria de la existencia. Y si ese vacío metafísico no es suficiente para empezar a boquear de pánico, no quieras saber qué acecha en los pliegues de la realidad: seres más viejos que el tiempo, horrores carentes de moral para quienes no somos más que hormigas. Ellos tienen una lupa y hace un día soleado, para entendernos.
Ellos tienen una lupa y hace un día soleado.
Los relatos de horror cósmico tienen un monstruo, como es habitual en el género, pero a menudo son los más complicados de calificar como tales, ya que no desean activamente ningún mal al género humano. No nos quieren ni como alimento ni como objeto de demostración de poder, ya que somos una brizna de hierba que se debate inútilmente contra el poderoso viento del norte.
¿Sabe el viento del norte que está haciéndonoslas pasar canutas? No, ni le importa. Pero no por indolencia, crueldad o mera personalidad monstruosa. Es que la escala de varias galaxias de diferencia entre el monstruo y el ser humano no tiene punto de comparación, quizás el villano de una historia de horror cósmico se prolonga en el tiempo y el espacio mucho más lejos y mucho más eones de lo que somos capaces de imaginar. Que no es que sea malo ni lo dibujaron así, es que el Bien y el Mal están muy alejados de su escala de valores.
¿Y cómo podemos reaccionar a todo ello? Volviéndonos locos. El horror cósmico es tan nihilista que a menudo no ofrece salida digna a los débiles humanos, ni siquiera la posibilidad de morir aterrados bajo las zarpas de una monstruosidad colosal, temblando ante un rugido selvático o unos colmillos afilados. Lo único que podemos decir es “hasta aquí hemos llegado, sensatez”, y perder el juicio. No es solo que no podamos entender a los monstruos del horror cósmico (todo monstruo tiene algo de inaprehensible, de un modo u otro), es que solo atisbarlos con el rabillo del ojo, intuir su presencia es garantía de babilla colgando, camisa de fuerza y embudo en la testa.
De hecho, relacionado en parte con esa incapacidad para entender está la incapacidad para explicar. Los protagonistas humanos del horror cósmicono son capaces de encontrar las palabras para describir a qué se enfrentan, y algo de ese trabarse se transmite incluso al narrador si el relato no está en primera persona. Ningún testigo del monstruo puede ni empezar a explicar en qué consiste la amenaza: ¿grande, colosal, poderoso, devastador, invisible? No puede saberse. No puedes ni intentarlo. Y si lo intentas, enloqueces, en una especie de cinta de Moebius de la demencia.