
1- Trajes protectores
Estamos hechos para vivir en la Tierra y no en las condiciones extremas del espacio.
Por esta razón se han diseñado trajes especiales para mantener el cuerpo del astronauta envuelto en la atmósfera de la Tierra.
En la órbita de la Tierra, los astronautas pueden experimentar temperaturas bajas de hasta -129º C y tan altas como 121º C.
Los trajes los protegen de estos extremos térmicos.
También controlan la presión del aire para evitar que los fluidos corporales hiervan en el vacío del espacio.
Sin embargo, los trajes actuales sólo permiten viajar hasta una órbita terrestre baja.
Para llegar más lejos dentro del Sistema Solar, necesitamos un nuevo traje que nos pueda proteger de los peligros letales del espacio profundo.
2-Vivir sin gravedad
Nuestro cuerpo está adaptado para funcionar con la gravedad.
Nuestros músculos y huesos se han desarrollado para actuar en función de esta fuerza y la necesitan para mantenerse fuertes y sanos.
En el espacio, los astronautas flotan y la exposición prolongada a un ambiente con microgravedad deja su huella en el cuerpo humano.
La falta de gravedad debilita los músculos, lo cual a su vez aumenta el riesgo de tendinitis y acumulación de grasas.
También nos hace crecer hasta cinco centímetros de altura, porque sin la compresión de la gravedad, las vértebras se separan.
Esto puede provocar dolores de espalda.
A largo plazo, los astronautas sufren pérdida ósea. La microgravedad hace que el cuerpo pierda calcio y fósforo y se debiliten los huesos, y aumente el riesgo de osteoporosis.
La pérdida ósea puede ser de hasta de 1,5% por mes, lo cual en un período de seis meses equivale a un 10%.
La recuperación tras el regreso, puede demorar entre tres y cuatro años, por eso los astronautas que viven en la ISS deben hacer dos horas y media de ejercicios diarios, seis veces por semana.
Otra complicación está relacionada con la circulación.
Nuestro sistema cardiovascular está diseñado para bombear sangre constantemente contra la fuerza de gravedad, que normalmente empuja la sangre hacia nuestros pies.
En la microgravedad del espacio, la sangre asciende hacia el pecho y la cabeza. Esto hace que a los astronautas se les hinche la cara y les aumente la presión arterial.
3- Radiación cósmica
Los rayos cósmicos son partículas cargadas que viajan a gran velocidad de a través del espacio interestelar.
En la Tierra estamos protegidos de los rayos cósmicos porque el campo magnético del planeta actúa a modo de escudo.
La falta de atmósfera en el espacio hace que los astronautas queden expuestos a su destructiva naturaleza.
Una sola partícula tiene el poder de atravesar el tejido humano y destruir nuestro ADN, lo cual puede provocar mutaciones celulares y cáncer.
Hasta ahora, los astronautas que han estado expuestos a los niveles más elevados de estos rayos desarrollaron cataratas, debido a la vulnerabilidad del tejido que compone el ojo.
La razón por la que son tan dañinos es porque parecen haberse originado en algunos de los eventos más energéticos del Universo, como la explosión de supernovas, donde las partículas cargadas se aceleran hasta alcanzar una velocidad similar a la de la luz antes de ser despedidas hacia el cosmos.
Se cree que las posibilidades de desarrollar cáncer terminal en una misión a Marte son de un 30%.












